Inspiración

Crónicas de agosto: ¿Has escuchado el sentimiento “como en casa”?

Hoy accidentalmente lo leí, traté de de ponerle palabras a ese sentimiento que aunque no es “oficial”, de pronto es muy comparable. En cuanto más lo pensaba, era imposible no relacionarlo con el alma. Como en casa, es ese sentimiento cuando conoces a esa persona por primera vez, pero te resulta tan familiar y conocido. Como en casa, es cuando te sientes totalmente cómodo, feliz, y tan tú. Como en casa, es cuando escuchas una canción y sientes que la escribieron para ti, y tu alma –  y cuerpo, claro – no para de bailar. Como en casa, es ese sorbo de té – o café – en una mañana que te reconforta. Como en casa, es tu lugar seguro cuando se desata la tormenta y es momento de esperar la calma. Como en casa, es tu lugar feliz.

Como en casa, es el sentimiento que debemos buscar en nuestra vida. Es la manera de avisarte que ahí perteneces. Entre más tratamos de definirnos o encajar nos perdemos de nosotros y obligamos a nuestra alma a conformarse con existir. Nuestra alma no quiere existir, ella quiere bailar, ver esa película, sentirse ridícula y enamorada, quiere sentirse como en casa. Porque encuentra motivo y razón de venir a este mundo. Es como ese viajero que no se puede conformar con estar de paso por esa ciudad y tiene que detenerse a vivirla. Nuestra alma nos dice “hey, es a ti a quién he venido a conocer” o “Este libro me pertenece, aún cuando yo no lo escribí”.

Le pertenecemos a nuestra alma, y ella no esta buscando quedar bien con los demás. Ella quiere conocer, vivir, probar, reír, amar. Es nuestro deber buscar esos momentos que nos hace sentir como en casa. Cuando ves arte y lo comprendes, cuando un libro te deja un sentimiento de paz, cuando una película te divierte, cuando te sientes genuina con la gente que te rodea, cuando conoces a esa persona y sientes “como si te conociera de toda la vida”. Le perteneces a tu alma, y ella le pertenece a esta vida, a Dios, a su visita por aquí. El alma es pura y leal, es honesta y no conoce la maldad. Si le permitimos vivir más seguido, presiento que seremos más felices.

Busca más de esos “se siente como en casa”.

Nota: cada alma es diferente. Respeta lo que para otros es su sentir y vive lo tuyo.

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